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Lopeandia Etxea se presenta

Bienvenidos a nuestra casa

Como reza algún documento que fue encontrado entre mis piedras, llevo levantada aquí más de cuatrocientos años. Sí, aquí, en Abaurrepea, el solar más antiguo del Valle de Aezkoa.

En mi larga andadura acogí a muchas personas del Valle (aetzas) y a otras que no lo eran, pero he tratado a todas por igual, con afecto y amor, como si fueran ellas mi misma razón de ser y existir.

Además de mi euskera aetza natal he escuchado hablar en otras lenguas y de todas ellas he aprendido mucho.
Me he sentado con multitud de personas al calor de mi hogar, viendo crepitar las llamas en los días fríos de invierno, y he sentido la caricia cálida del sol cuando llega la primavera y los bosques y campos se llenan de vida y de luz. Con todas esas personas he viajado en las direcciones de los cuatro puntos cardinales y eso me ha servido para, desde aquí, conocer las gentes del mundo, saber de otras existencias, admirar la belleza, amar la vida y aprender a abrir mis puertas a todo aquel que llame.

Sustentada por mis piedras que son mi propia piel, la piel de esta tierra aetza, he oído hablar de gobiernos, de otras tierras, he visto como cambiaban las cosas, los caminos, las costumbres y las formas de vivir, pero las piedras que me sostienen son las mismas; la tierra sobre la que me levanto es la misma; las aguas que corren por los arroyos y después vuelven a Aezkoa en forma de lluvia, son las mismas; los bosques de hayas y robles son los mismos.
Piedras, agua, montañas, bosques y prados son mis propias raíces y sobre todo ello me levanto yo, la casa de piedra, la casa que los padres antiguos construyeron, la casa que quedará cuando todos se hayan ido.

El paso de los tiempos dejó huellas en mi piel, pero mis habitantes me han ido cuidando y me han puesto bonita, siempre han deseado hacerlo y siempre lo han hecho. Ahora estoy erguida de nuevo, resplandeciente, acogedora, cálida, y estoy orgullosa de las piedras que me sostienen y de las gentes que me habitan. Otros vendrán después.

Yo, la casa de piedra, desde Aezkoa veo el mundo y viajo con él y conmigo viajan los aetzas, mis bosques y mis montañas.

¡Ah! había olvidado deciros mi nombre. Me llamo Lopeandia.